Puede ser que el término “burnout” te suene del mundo laboral. Ese estado en el que los trabajadores acaban ‘quemados’ de su puesto o empresa. Pero ahora, ¿sabías que esta palabra también se aplica en la maternidad? Sí, el burnout maternal es una realidad y muchas mujeres la sufren sin saber siquiera que lo padecen. Te contamos más al respecto.
¿Qué es el burnout maternal?
El síndrome del burnout en madres o burnout maternal da nombre a un estado de agotamiento mental, físico y emocional, que presentan algunas mujeres durante su maternidad.
En efecto, se trata de un estado psicológico en el que estas mujeres sufren -literalmente- la maternidad. Presentan altos niveles de ansiedad o estrés, provocando una crianza insana.
Además de padecer un cansancio extremo, se suelen sentir malas madres e incompetentes con el cuidado de sus hijos.
Si bien es cierto que el burnout en padres también existe, es mucho más común en ellas. ¿La razón? A día de hoy, las mujeres siguen teniendo más presencia en el rol de cuidador; de ahí que este síndrome afecte más a las madres.
Principales causas del agotamiento en madres
Pero, ¿por qué este estrés maternal o ese agotamiento materno persistente y que, en muchas ocasiones, va de la mano de un sentimiento de culpa? Entre las principales causas del burnout maternal se encuentran:
- Soledad: Esto se suele dar por falta de apoyo, en especial, por parte de la pareja.
- Presión social: A veces, se ve hasta positivo que las madres deben ser unas superheroínas. Trabajar fuera, tener la casa impoluta, niños perfectos… Y estas presiones sociales pasan factura.
- Autoexigencia: Que viene de la mano de lo anterior. El perfeccionismo y la autoexigencia en demasía puede generar esta fatiga mental en las madres.
- Cambios en la sociedad: Antaño, la gran mayoría de mujeres no trabajaban fuera del hogar. Hoy en día, las madres suelen compaginar su trabajo con la crianza.
- Falta de ayudas públicas: A pesar de la ampliación de la maternidad, en nuestro país las ayudas institucionales son muy escasas o desconocidas.
Síntomas más comunes del burnout maternal
Además de ese agotamiento constante, el burnout maternal puede estar acompañado de ansiedad, depresión o, incluso, baja autoestima. Maternidad y salud mental vienen de la mano.
Asimismo, otro síntoma común es la irritabilidad, lo que perjudica tanto la relación con su hijo como con su pareja o gente más próxima. A ello se suman: tristeza, desmotivación, despistes, trastornos del sueño, cambios en el apetito, estrés, apatía…
Pero por si esto fuera poco, estos síntomas pueden degenerar en indicadores todavía más perjudiciales: desde abuso de drogas o alcohol, hasta comportamientos violentos o, incluso, pensamientos suicidas.
De este modo, es necesario dar solución al síndrome del burnout maternal. A continuación, te damos algunos consejos prácticos.
Consejos prácticos para afrontarlo
Nunca hay que olvidar la importancia de cuidar a la persona cuidadora. Estos son algunos consejos que te damos si crees que estás sufriendo burnout maternal:
- Ir a terapia: Es el mejor consejo que te podemos dar. Acude a un profesional, a un psicólogo o psicóloga que te ayude. Porque a veces no lo podemos hacer todo solas. Y para cuidar, primero tenemos que estar nosotras bien.
- Apóyate en el resto: Tanto familia como amigos y, por supuesto, tu pareja. Diles cómo te sientes, esto no solo te quitará un peso de encima, sino que también ayudará a que ellos te puedan comprender.
- Establece prioridades: Si no se llega a todo, no pasa nada. Si la casa está sucia, pues ya se limpiará. ¿Entiendes por dónde vamos? A veces, es mejor tomar un tiempo para ti de descanso (aunque sea media hora) y luego ya retomarás tus quehaceres.
- Carpe diem: Disfruta el momento o, en este caso, vive el día a día. La proactividad en exceso no es buena consejera. Que tu peque ahora no duerma, no quiere decir que en el futuro no lo haga. Y que a Fulano le funcione X, no significa que porque a ti no te sirva seas peor madre.
- La perfección no existe: Lo sabemos, a todas nos han enseñado por parte de Hollywood esa imagen de la ‘mamá perfecta’. ¿Sabes una cosa? No existe. Una mamá no pasea a su hijo en carro con tacones y maquillaje, más bien lo hará en chándal y con alguna mancha. Y no pasa nada.
- Autocuidado: El autocuidado es fundamental. ¿Qué es lo que te gusta y hace mucho tiempo que no haces? En la medida de lo posible, cúmplelo. El autocuidado es también ir a la peluquería, ver una película, leer un buen libro o, simplemente, darte un paseo por la ribera.
- Relajación: Además de técnicas de relajación que desde terapia te podrán enseñar, existen otras prácticas como el yoga o el mindfulness que son ideales.
- Humor: Ya lo dice el humorista Ignatius “la risa es el camino más corto entre 2 personas”, y un poco de humor siempre ayuda a relajar tensiones.
- Personas independientes: Por último, es importante saber que tus hijos son personas independientes. Aunque haya etapas, como cuando son más pequeños, donde es necesario estar encima; poco a poco crecerán y, finalmente, volarán del nido.
Conclusión: Maternidad sin autoexigencias
En definitiva, como todo en la vida, la maternidad hay que tomársela con filosofía. Habrá momentos malos, donde el sueño, los lloros o los berrinches de tu peque puedan sacar a una de quicio. Y, por supuesto, no hay que olvidar los buenos: esos momentos de compartir con tu hijo o hija, de ver cómo crece y experimenta, cómo se hace persona con sus gustos y preferencias…
La madre perfecta no existe, tan solo en ficción. Así que no te autoexijas demasiado, apóyate en tu círculo y cuídate. ¡No te olvides de ti!
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